LA SOLEDAD ALEGRE DE INTERNET

La tecnología digital ha transformado los modos de escritura, la forma de contar las historias, la manera de sentir. El emoticono ha sustituido a toda una frase, porque un “te quiero” ya no es un pronombre personal unido a un verbo, sino un gran corazón rojo que late sin parar. Y así, el mensaje escrito queda sustituido por todo un párrafo gráfico cargado de contenido multicolor. Y es cierto, nos cuesta mucho menos ver que leer.

Algunos nostálgicos de las cartas kilométricas en papel transparente dicen que hoy se escribe menos, pero no es verdad. Los jóvenes lo cuentan todo a través de sus dispositivos móviles con su propio diccionario repleto de palabras degolladas y heridas casi de muerte, con profundidad y tono, con mensajes letales, breves y fulminantes. El lenguaje digital se ha convertido en un virus que se extiende sin control por todos los países del mundo, sin fronteras y a una velocidad inalcanzable.

Los nuevos signos lingüísticos han invadido todas las formas y géneros literarios en un esquema transformado en el que el receptor y el emisor son el mismo, sobre todo en la comunicación periodística. Ya no es uno el que cuenta y otros escuchan; todos cuentan y todos responden con más datos a una información que ya es universal. Por otro lado, y durante los últimos años, el texto se ha apartado para dejar paso a la infografía y a la imagen, que explican la actualidad de una forma más directa, visual y cómoda para el consumidor.

Los distintos medios de comunicación, tan suyos, particulares y diferentes hasta mediados de la década de los 90, se han unificado en internet convirtiéndose en un gran soporte audio-visual-textual con un lenguaje múltiple y mixto que facilita la interactuación con el receptor, convirtiéndole –como digo– en el emisor que crea y difunde. La prensa se escucha, la radio se ve y la televisión se lee. La noticia ha perdido entidad y, lejos de ser más objetiva, adquiere cada día un carácter híper-subjetivo que precisa más que nunca de análisis e interpretación. Vivimos en la era de la opinión.

Pero el futuro nos traerá mucha más revolución, más innovación, más emoticonos y más aplicaciones para una sociedad adulta que combate el estrés y la ansiedad con la soledad alegre de internet; un mundo alternativo lleno de redes, alegría, felicidad e imágenes distorsionadas que interconectan sentimientos reales e imaginarios.

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