EL FALSO ESPÍRITU DE LA DEMOCRACIA

La democracia se ha manoseado en los últimos meses hasta la extenuación. El espíritu de la transición se ha devaluado hasta límites insospechados, manipulado por aquellos que dicen mantener convicciones políticas sólidas defendiendo que esa democracia es un modo de ser, una filosofía. Efectivamente, hemos vuelto al escenario predemocrático con una fuerte polarización entre derecha e izquierda, pero con políticos flojos, de muy escaso recorrido. La competición electoral y la distancia de ideologías viscerales han impedido las alianzas que fueron ejemplo entonces, en el primer gobierno constituyente de 1977.

Desde aquel acontecimiento político de gran calado, el ciudadano español ha crecido en riqueza y posición, las instituciones públicas se han fortalecido y la modernización del país se ha constatado. En definitiva, se ha consolidado el llamado “estado del bienestar”. Hace 40 años, la necesidad de entendimiento se tradujo en acuerdo y lealtad con un único objetivo: el cambio. Hoy, en este siglo XXI, queda mucho por hacer; el camino está preparado para la evolución hacia un país más tecnificado y tecnológico, de mayor y mejor desarrollo social, económico y empresarial en el marco de la seguridad que siempre aportan las alianzas internacionales.

Un trabajo de “pico y pala” que deberían liderar nuestros parlamentarios/políticos, los mismos que durante semanas han conseguido con esfuerzo aburrir y desesperar a un ciudadano desafecto de la política, bajo un plomizo tedio de argumentos vacíos y personalistas en ruedas de prensa interminables. Nos enfrentamos a una nueva jornada electoral, en este caso impuesta, con la abstención como fantasma o, mejor dicho, como resultado de un estado de ánimo apático e incrédulo. Los españoles iremos a votar con la seguridad de un resultado blando y de minorías, pero con la esperanza de que lo ocurrido sirva de algo.

La transición se fraguó desde abajo, la movilización social, pero apoyada desde arriba, la clase política cercana a la dictadura. La transición de la España moderna, de Rajoy, Sánchez, Rivera e Iglesias, debe acometerse desde la moderación y el criterio, desde la sostenibilidad ideológica y la perspectiva de futuro, desde la solidaridad y el entendimiento, que siempre están por encima de las declaraciones y las pataletas de pasillo. En la España de derechas cabe la de izquierdas y viceversa, porque ambas deben entender el contenido político como argumento de avance y no de retroceso. Y si esto no fuera posible, la culpa no es del concepto, ni del manoseado espíritu de la transición, sino de los políticos ineficaces que no han alcanzado la madurez profesional suficiente. La solución pues no es el combate en el debate, sino el encuentro en las propuestas. Ya veremos.

 

ask-worlds-oldest-democracy-iStock_000017694624Large-E

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s