El perdón de los pecados

España no es un país corrupto, es un país sin control político. La denominada “Operación Púnica”, que de momento se ha saldado con la imputación de 51 personas, encabezadas por el exconsejero de la Comunidad de Madrid, Francisco Granados, demuestra la ausencia absoluta de mecanismos internos de control en los partidos para gestionar a los miembros más díscolos. A todo ello hay que sumar la impunidad total del aforado y el convencimiento interno del representante sobre su gestión pública; siempre inmaculada, siempre decente. Una gran mentira en determinados casos, como el que nos ocupa.

La picaresca política y el trapicheo queda soterrado en el subsuelo de un debate parlamentario infantil; de patio de colegio: tu más. Las formaciones mayoritarias que ostentan el granero de votantes son incapaces de cerrar filas y rubricar acuerdos de Estado para los temas más estructurantes del país. Rajoy y Sánchez se pelean en el hemiciclo después de pedir perdón como aquellos hermanos que, castigados por los padres, se besan primero y se pegan después. Ninguno de los dos en capaz de decir nada claro, nada conciso, nada rotundo. Perdón por los corruptos, perdón por las tarjetas, perdón por las cacerías, perdón por la desobediencia a la autoridad, perdón por el sindicalista millonario, perdón por los dineros negros, perdón por las comisiones. El perdón de los pecados no es suficiente, ¿hay propósito de la enmienda?

Las medidas de control del gasto y de las retribuciones, entre otras, –y ya está dicho por activa y por pasiva- son fundamentales, así como lo son los filtros de selección en la conformación de equipos políticos. Pero los tiempos cambian y la veda se ha abierto: los españoles comienzan a rechazar sin tapujos y a denunciar a boca ancha cualquier presunto acto de corrupción. Una nueva cultura social nos invade; la de aquellos que no están dispuestos a permitir bulas o prebendas a cargo del esfuerzo general para la holgura particular.

Y de esta nueva cultura deben beber los partidos de gobierno y oposición; no es posible avanzar en el marco de un sistema en tela de juicio, bajo la sospecha permanente de la corrupción política e institucional. Y es muy preocupante escuchar al presidente del Gobierno y al jefe de la oposición la justificación del perdón: Excusatio non petita, accusatio manifesta.

Corruption

 

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Un comentario en “El perdón de los pecados

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