La nueva casta

La contundente irrupción de Podemos en el escenario político tras las elecciones europeas del pasado mes de mayo ha comenzado a menear la caja de los sondeos en Andalucía en detrimento de la flamante presidenta. Y yo me lo creo a medias. El Estudio General de Opinión Pública de Andalucía (Egopa), conocido recientemente, arroja un espectacular acercamiento del PP de Moreno Bonilla al PSOE que supondría casi un empate a votos entre las dos fuerzas mayoritarias de celebrarse ahora mismo las elecciones. Mientras, casi el 50% de los consultados considera como mala o muy mala la coalición de gobierno; los izquierdistas de Maíllo pierden fuerza y bisagra, aunque él diga que la Federación va a seguir marcando futuros. Pues no sé dónde.

El medio salto de Susana Díaz a Madrid aunque preservando su imagen en Andalucía, donde se sabe líder indiscutible, la puesta de largo de Pedro Sánchez como secretario general, de momento suave y a ralentí, y la creciente evolución de los escándalos de presunta corrupción que salpican a su partido en la región, le han inyectado un optimismo adelantado a los dirigentes del PP que no esperaban semejante coyuntura en las encuestas, y que se ven en el palacio de San Telmo dentro de un año. No se olviden que la presidenta sigue siendo la más querida y la más valorada a pesar de todo.

Es cierto que el PSOE ha entrado de lleno en la travesía del desierto y que su recomposición se espera larga y dura, como la mili. El nuevo líder socialista tendrá que demostrar ahora dureza y profesión en un panorama de progresiva recuperación económica que, sin ninguna duda, beneficiará a la derecha de Mariano Rajoy. Otra cosa es que el PP sepa aprovechar la normalización económica que se presiente. Sánchez afronta la doble tarea de devolver la confianza al socialismo español y de cautivar a su electorado cautivo; tarea muy complicada en momentos de grave desafección política.

Y delante de todos, Pablo Iglesias, el fenómeno izquierdista que se lo come todo sin dejar nada a su paso, con la formación del microcrédito y la factoría de descontentos que denuncian la casta . Y yo me pregunto con grave preocupación: ¿seré un producto de la casta?

casta

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