Los reyes y las reinas

Vivimos momentos de intensa emoción. Unos que vienen, como los nuevos Reyes, y otros que se van, como la selección española, inútil y hundida. El nuevo tiempo de la España monárquica arranca con dos Reyes y dos Reinas, como la doble pareja del póker (combinación de dos pares siendo la de más valor la que esté formada por el par más alto). Algo parecido a lo que ocurre en la Ciudad del Vaticano con los papas Francisco y Benedicto, tan pares y tan blancos.

A mí me parece que todo esto genera cierta confusión al ciudadano de a pie. Uno entra en la página web de la Casa Real española y se encuentra con varias majestades; papá Rey, mamá Reina, hijo Rey y la Reina Letizia, como en el cuento de ricitos de oro y los tres ositos; ¿quién se ha comido mi sopa? Y todos con sus trajes reales, sus bandas rojas y sus sonrisas de estudio fotográfico. Resultará muy complicado que la doble pareja de monarcas coincidan, al contrario que los Papas de Roma que, a veces, rezan juntos y coinciden en casa, generando un conflicto de marca de primer nivel. ¿Pero qué invento es este? que dijo Sara Montiel.

Bueno pues a mí todo este lío me tiene y me entretiene. Y ya está dicho. Lo que no me gusta tanto es el debate adolescente que encabezan algunos jóvenes neopolíticos de la izquierda más escorada sobre la necesidad de mover los pilares que sostienen las raíces del Estado. Me aburre tanto encuentro televisivo de grandes demócratas, adalides de la transparencia y el bienestar, de poseedores de la verdad irrefutable y de expertos indubitables de cualquier materia discutible. No me atraen nada los estrafalarios de derechas, ni los fanáticos de izquierdas, ni tampoco los friquis antisistema que navegan contracorriente porque sí. Y esto me preocupa porque está de moda. Y aquí, cuando algo está de moda, arrasa. Somos así.

Asistimos de forma preocupante al peligroso juego de a ver quién dice la mayor barbaridad política o la memez más jugosa que provoque el titular más contundente. La estabilidad social y política de España, forjada desde 1977 por gobiernos de distinto color, es indiscutible. Discútanse mejoras y evolución, pero no se juegue a cambiar lo estructurante que funciona bien y, mucho menos, a experimentar con gaseosa en tiempos de necesaria recuperación económica.

familia215

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