Horas de campaña

Ha comenzado la campaña de los 500.000 votos y la presumible apatía electoral: veremos. Y con ella, los sonidos pegadizos, los colores, los kilómetros, los carteles, los estrados y los bocadillos de mediodía. Políticos y periodistas en el punto de salida de una carrera marcada por el tiempo, el mercadeo de mensajes, las frases y los titulares. Son días de furor político cargados de actividades dedicadas a la conquista del voto sea como sea. Tensión y diversión; Valenciano y Cañete; PSOE y PP, unos y otros, todos se suben en autobuses de caras sonrientes que pasean por las provincias escupiendo cantinelas de megáfono.

Un paquete gratis de productos conocidos: partido, programa y candidato al servicio del ciudadano. Una oferta de última hora, una propuesta de ideas, personas, imágenes y equipos que llena los aforos de despistados y jubilados en jornadas de visita política y cultural. Apasionante. En definitiva, todo un proceso de marketing similar a la venta comercial de un producto crecepelo barato y, en ocasiones, ineficaz.

En esta ocasión, la liturgia electoral para las europeas vendrá acompañada de ilusión y propaganda trasmitidas en formato multimedia (mucha red social). El mensaje llega a una sociedad desinteresada por la política, pero más madura y más formada, que no teme los argumentos más directos, más contundentes. Una sociedad más preparada que demanda nuevas herramientas basadas en la publicidad política. Así, la cuadrilla electoral ya se ha puesto en marcha para ofrecer imágenes en vez de argumentos, metáforas visuales, fantasía a todos los niveles y, sobre todo, mucha tensión y dramatismo.

El político/candidato es un actor de serie B, un personaje de escenario que suda la camiseta. El mitin se ha convertido en las últimas campañas en un concierto plagado de bises que jalean los propios y algún extraño. Alfonso Guerra era un maestro del verbo político, de la puesta en escena. Inauguró a finales de los 90 el micrófono inalámbrico. Recorría de un lado a otro la tarima con frases de calado. Se hacía con el público y controlaba las masas socialistas de pañuelo y banderín. Esos sí que eran mítines.

 

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Un comentario en “Horas de campaña

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