La lucha contra el racismo

Resulta paradójico que en el siglo XXI sea necesario comerse un plátano ante la cámara y autodenominarse macaco para mostrar una decidida actitud antirracista.

Hemos conocido en los últimos días el pose vomitivo de un tal Donald Sterling, propietario de uno de esos equipos de baloncesto de la glamurosa élite norteamericana: los Clippers de Los Ángeles. La imagen en prensa lo dice todo: un tipo de piel estirada con aspecto de mandatario, un soberano multimillonario que repudia a los negros mientras pasea por la meca del cine con una rubia de bote. Estomagante. Y, de manera habitual, asistimos en los campos de futbol españoles al ataque furibundo contra determinados jugadores de piel oscura y nacionalidad sudamericana o africana. Indecente.

Pero existen otros tipos de racismo. Vivimos a diario escenas sociales de rechazo porque sí: en los centros de trabajo, en los colegios, en los barrios. Y no hace falta ser de otra condición económica o raza. Basta, en ocasiones, con ser distinto. Determinados usos, hoy con nombre propio, como es el caso del mobbing o el acoso, son derivaciones de un racismo no controlado por la sociedad; ojos que no ven, corazón que no siente. Me explico, la educación en búsqueda del máximo liderazgo individual o hacia la voraz competencia sin control, sin tener en cuenta los beneficios de la colaboración, puede derivar en actitudes de repudia con consecuencias muy peligrosas. El termómetro de la exigencia debe subir o bajar en función de las capacidades de cada uno, que serán mejores o peores según las circunstancias. Pensemos en esto.

Por otro lado, internet ayuda al racista, otorga alas al xenófobo cobarde y esconde al abusador infantil, parapetado frente al teclado. Los sistemas de mensajería sin cara ni ojos, los WhatsApp de turno, o las redes sociales, hacen estragos en materia de mobbing con los más desprotegidos; los niños. Las Fuerzas de Seguridad del Estado realizan un trabajo ejemplar de prevención y control en esta materia. Por tanto, el problema resulta mucho más grave de lo que parece y más aún en un territorio, el digital, aún por legislar.

La sociedad debe jugar un papel fundamental como colaboradora en la solución de estas situaciones, publicitando a aquellas personas que ejercen y practican el rechazo en todos los escenarios de la vida. El ciudadano no debe callarse ante el abuso o la presión pero, para ello, debe tener la seguridad de contar con aquellas herramientas que lo protejan en su acción de repudia. Sólo de esta manera, mediante la denuncia social contra los Sterling de turno, será posible acabar con las diferencias.

 image
Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s