El despertar de los perdedores

La década posterior al 11-M de 2004, la fecha más dolorosa y con los tintes más crueles de la reciente historia de España, ha dejado un enorme vacío lleno de rabia, un patético distanciamiento político y un escaparate repulsivo de insultos, revanchas y odios. El terrorismo temprano de aquella mañana gris acabó con 191 personas y dejó heridas a más de 1.800 para toda la vida. La realidad amarga de aquella interminable jornada de ambulancias y sangre en Madrid se ha convertido diez años después en un recuerdo maldito y eterno.

En casi todas las circunstancias, a la hora de evaluar, lo más importante es llegar al poso y a la raíz, es decir, a lo que queda o, mejor dicho, a aquello con lo que hay que convivir por decreto. Y miren, mucho más allá de las verdades o mentiras sobre el 11-M, el estomagante debate político, las actuaciones dudosas de jueces, las puñeteras teorías conspiranoicas o la oficialísima versión oficial de los hechos; mucho más allá de todo eso se encuentra el despertar de los perdedores, de todos los que aquel maldito jueves cenaron con los puños apoyados en la cara, sin saber nada de nada y preguntándoselo todo. Hoy, diez años después, siguen sin saber casi nada de nada.

Y es que la ausencia forzada y perenne del ser querido no entiende de argumentos ni de justificaciones porque nadie avisa de la marcha, ni nunca nadie vuelve de la nada. El pasado 11 de marzo se unieron en una foto las cuatro presidentas de víctimas del terrorismo que fueron presentadas por la desgracia a destiempo y el sentimiento arrugado de la impotencia. Durante los últimos años, estas mujeres de negro han escuchado el aprecio y el desprecio en forma de opinión mediatizada, pero ninguna ha sentido la solidaridad total y masiva que, a mi juicio, merecen por el mero hecho de encontrarse en la élite del sufrimiento.

Y eso es precisamente la raíz de la triste guerra del 11-M: el sufrimiento y el dolor en estado puro; la desolación de los que solo se curarán con la esperanza de trabajar por los que les quedan. Lo demás, claro que es importante: la investigación, la explicación, la imputación, la condena, el cumplimiento de la pena, pero nada de esto, ni la deplorable discusión política, devolverá las víctimas inocentes de aquella masacre a los que se han quedado aquí.

monumento-victimas-11m

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