Crimen o circo

La solicitud de autodefensa por parte de Rosario Porto – la madre acusada de la muerte de la desgraciada niña Asunta – y la interpretación de esta sorprendente decisión, me impacta sobremanera en el repaso agrio de la actualidad semanal. Asistimos desde hace varios meses a espectáculos mediáticos lamentables con un guión execrable como telón de fondo. Un argumento muy jugoso para determinados programas del corazón y para los papeles más sensacionalistas del quiosco, que no reparan en la desastrosa influencia que ejercen sobre una parte importante de la sociedad con su deplorable presentación del terrible crimen.

Y es que la crónica negra vende muy bien en España, al igual que la esquela y el obituario, porque desprenden interés y mucho morbo. El cruel asesinato sin resolver da mucho juego porque esconde incógnitas y dudas; y si es infantil aún más. Los sucesos son susceptibles de ser contados con adornos y adjetivos; donde no había sangre, la hay, y donde no había testigos, aparecen más de la cuenta. Además, los juicios paralelos son entretenidos porque adelantan el veredicto en el bar, resuelven en casa aquello que nunca se llega a juzgar en la sala y permiten la jugosa opinión sin argumentos de unos y otros.

Pero el verdadero problema radica cuando se sustituye la jurisdicción del Estado por el juicio mediático. En definitiva, cuando determinados medios de comunicación asumen como propio el papel de jueces y magistrados, instruyendo tediosos sumarios paralelos con rancios testigos sin entidad y multitud de pruebas de lamentable procedencia, lo que llega a provocar graves daños a los derechos del honor como consecuencia de condenas previas. Por el contrario, no existe tal juicio paralelo cuando el medio colabora con las fuerzas de seguridad aportando datos y situaciones presuntamente ilegales, que acaban finalmente dirimiéndose en los tribunales. Por tanto, y aparentemente, la frontera se encuentra cuando se pierde la objetividad informativa sobre el suceso, si es que esta existió en algún momento.

En el triste relato del Caso Asunta, al igual que ha ocurrido recientemente con otros crímenes como el de los niños desaparecidos de Huelva, el papel de algunos medios de comunicación ha sido y es lamentable. Sí, se ha cruzado el límite de la libertad de expresión y habría que reflexionar para poner orden y cierto control. ¿Se cumple el código deontológico en la profesión? ¿Sirve para algo el documento que recopila los fundamentos generales que regulan el comportamiento de los informadores? El debate, entiendo, debe iniciarse ya.

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